viernes, octubre 02, 2015

       Honda es la noche.

Honda es la noche y no nos basta amar

cuando en la sangre sola se estremece,
como el niño que fuimos, la inocencia
al ver en qué nos hemos convertido.

Honda es la noche. 
Nos duelen los ojos desalentados. 
Dime si nos vale la pena
esta felicidad agazapada,
este oficio cobarde, este ir tirando.

Honda es la noche y ya nada nos basta
sino amar el amor y hacernos daño.

(La latitud de los caballos) 1999
Juan Vicente Piqueras





lunes, septiembre 28, 2015


 Ayer en la noche.
(keis_luvin)

Disculpa la fecha
la hora, el día;
disculpa los años
las melancolías;
disculpa las veces
que nunca te quise;
disculpa si estuve,
pero no me viste.

Disculpa si estoy
y sigo sobrando;
disculpa si estoy
y sigo faltando.

Ayer en la noche
no quise quererte,
pero cómo explico
que es tan diferente
besarte los ojos
besarte la frente,
ser tuyo en tus labios
y actuar fríamente
pensándolo todo
para no ofenderte
estudiando todo
para no perderte,
pero al mismo tiempo
también complacerme.

Te sigo queriendo
Y quiero quererte.

Del poeta: Dennis Rodríguez.


http://www.predicado.com/work.php?id=246371

miércoles, septiembre 23, 2015

Los Heraldos negros.
Hay golpes en la vida, tan fuertes... 
¡Yo no sé!
Golpes como del odio de Dios; 

como si ante ellos,
la resaca de todo lo sufrido
se empozara en el Alma... 

¡Yo no sé!

Son pocos; 

pero son... 
Abren zanjas oscuras
en el rostro más fiero 

y en el lomo más fuerte.
Serán tal vez los potros de bárbaros Atilas;
o los Heraldos Negros que nos manda la Muerte.

Son las caídas hondas de los Cristos del alma
de alguna Fe adorable que el Destino blasfema.
Esos golpes sangrientos son las crepitaciones
de algún pan que en la puerta del horno se nos quema.

Y el hombre... 

Pobre... 
¡Pobre! 
Vuelve los ojos, 
como cuando por sobre el hombro 
nos llama una palmada;
vuelve los ojos locos, 

y todo lo vivido se empoza, 
como charco de culpa, en la mirada.

Hay golpes en la vida, tan fuertes... 

¡Yo no sé!


-De: César Vallejo, 1918-









jueves, septiembre 10, 2015


Te Amo... 



Te amo,
te amo de una manera inexplicable,
de una forma inconfesable,
de un modo contradictorio.

Te amo
con mis estados de ánimo que son muchos,
y cambian de humor continuamente.
por lo que ya sabes,
el tiempo, la vida, la muerte.

Te amo...
con el mundo que no entiendo,
con la gente que no comprende,
con la ambivalencia de mi alma,
con la incoherencia de mis actos,
con la fatalidad del destino,
con la conspiración del deseo,
con la ambigüedad de los hechos.

Aún cuando te digo que no te amo, te amo,
hasta cuando te engaño, no te engaño,
en el fondo, llevo a cabo un plan,
para amarte mejor.

Te amo...
sin reflexionar, inconscientemente,
irresponsablemente, espontáneamente,
involuntariamente, por instinto,
por impulso, irracionalmente.

En efecto no tengo argumentos lógicos,
ni siquiera improvisados
para fundamentar este amor que siento por ti,
que surgió misteriosamente de la nada,
que no ha resuelto mágicamente nada,
y que milagrosamente, de a poco, con poco y nada
ha mejorado lo peor de mí.

Te amo,
te amo con un cuerpo que no piensa,
con un corazón que no razona,
con una cabeza que no coordina.

Te amo
incomprensiblemente,
sin preguntarme por qué te amo,
sin importarme por qué te amo,
sin cuestionarme por qué te amo.

Te amo
sencillamente porque te amo,
y yo mismo no sé por qué te amo.


-Pablo Neruda-

domingo, septiembre 06, 2015

El seminarista de los ojos
negros.

Desde la ventana de un casucho viejo
abierta en verano, cerrada en invierno
por vidrios verdosos y plomos espesos,
una salmantina de rubio cabello
y ojos que parecen pedazos de cielo,
mientas la costura mezcla con el rezo,
ve todas las tardes pasar en silencio
los seminaristas que van de paseo.

Baja la cabeza, sin erguir el cuerpo,
marchan en dos filas pausados y austeros,
sin más nota alegre sobre el traje negro
que la beca roja que ciñe su cuello,
y que por la espalda casi roza el suelo.

Un seminarista, entre todos ellos,
marcha siempre erguido, con aire resuelto.
La negra sotana dibuja su cuerpo
gallardo y airoso, flexible y esbelto.
Él, solo a hurtadillas y con el recelo
de que sus miradas observen los clérigos,
desde que en la calle vislumbra a lo lejos
a la salmantina de rubio cabello
la mira muy fijo, con mirar intenso.
Y siempre que pasa le deja el recuerdo
de aquella mirada de sus ojos negros.
Monótono y tardo va pasando el tiempo
y muere el estío y el otoño luego,
y vienen las tardes plomizas de invierno.

Desde la ventana del casucho viejo
siempre sola y triste; rezando y cosiendo
una salmantina de rubio cabello
ve todas las tardes pasar en silencio
los seminaristas que van de paseo.

Pero no ve a todos: ve solo a uno de ellos,
su seminarista de los ojos negros;
cada vez que pasa gallardo y esbelto,
observa la niña que pide aquel cuerpo
marciales arreos.

Cuando en ella fija sus ojos abiertos
con vivas y audaces miradas de fuego,
parece decirla: ¡Te quiero!, ¡te quiero!,
¡Yo no he de ser cura, yo no puedo serlo!
¡Si yo no soy tuyo, me muero, me muero!
A la niña entonces se le oprime el pecho,
la labor suspende y olvida los rezos,
y ya vive sólo en su pensamiento
el seminarista de los ojos negros.

En una lluviosa mañana de inverno
la niña que alegre saltaba del lecho,
oyó tristes cánticos y fúnebres rezos;
por la angosta calle pasaba un entierro.

Un seminarista sin duda era el muerto;
pues, cuatro, llevaban en hombros el féretro,
con la beca roja por cima cubierto,
y sobre la beca, el bonete negro.
Con sus voces roncas cantaban los clérigos
los seminaristas iban en silencio
siempre en dos filas hacia el cementerio
como por las tardes al ir de paseo.

La niña angustiada miraba el cortejo
los conoce a todos a fuerza de verlos...
tan sólo, tan sólo faltaba entre ellos...
el seminarista de los ojos negros.

Corriendo los años, pasó mucho tiempo...
y allá en la ventana del casucho viejo,
una pobre anciana de blancos cabellos,
con la tez rugosa y encorvado el cuerpo,
mientras la costura mezcla con el rezo,
ve todas las tardes pasar en silencio
los seminaristas que van de paseo.

La labor suspende, los mira, y al verlos
sus ojos azules ya tristes y muertos
vierten silenciosas lágrimas de hielo.

Sola, vieja y triste, aún guarda el recuerdo
del seminarista de los ojos negros...



-Poema de Miguel Ramos Carrión-


miércoles, septiembre 02, 2015

Rima IV 
(Gustavo Adolfo Bécquer)

No digáis que, agotado su tesoro,
de asuntos falta, enmudeció la lira;
podrá no haber poetas; 
pero siempre habrá poesía.

Mientras las ondas de la luz al beso
palpiten encendidas,
mientras el sol las desgarradas nubes
de fuego y oro vista,
mientras el aire en su regazo lleve
perfumes y armonías,
mientras haya en el mundo primavera,
¡Habrá Poesía!

Mientras la ciencia a descubrir no alcance
las fuentes de la vida,
y en el mar o en el cielo haya un abismo
que al cálculo resista,
mientras la humanidad siempre avanzando
no sepa a dó camina,
mientras haya un misterio para el hombre,
¡Habrá Poesía!

Mientras se sienta que se ríe el alma,
sin que los labios rían;
mientras se llore, 
sin que el llanto acuda
a nublar la pupila;
mientras el corazón y la cabeza
batallando prosigan,
mientras haya esperanzas y recuerdos,
¡Habrá Poesía!

Mientras haya unos ojos que reflejen
los ojos que los miran,
mientras responda el labio suspirando
al labio que suspira,
mientras sentirse puedan en un beso
dos almas confundidas,
mientras exista una mujer hermosa,
¡Habrá Poesía!

-Gustavo Adolfo Bécquer-



martes, septiembre 01, 2015

Con los años...
"Conté mis años y descubrí
que tengo menos tiempo para vivir de aquí en adelante,
que el que viví hasta ahora...

Me siento como aquel chico
que ganó un paquete de golosinas:
las primeras las comió con agrado,
pero cuando percibió que quedaban pocas,
comenzó a saborearlas profundamente.

Ya no tengo tiempo para reuniones interminables
donde se discuten estatutos, normas,
procedimientos y reglamentos internos,
sabiendo que no se va a lograr nada.

Ya no tengo tiempo para soportar absurdas personas que,
a pesar de su edad cronológica,
no han crecido.

Ya no tengo tiempo para lidiar con mediocridades
como la envidia, los rencores o los celos.
Me molestan los envidiosos
que tratan de desacreditar a los más capaces,
para apropiarse de sus lugares, talentos y logros...

Detesto, si soy testigo,
de los defectos que genera la lucha por un majestuoso cargo.
Las personas no discuten contenidos, apenas los títulos.
Mi tiempo es escaso como para discutir títulos.

Quiero la esencia, mi alma tiene prisa...
Sin muchas golosinas en el paquete...

Quiero vivir al lado de gente humana,
muy humana.
Que sepa reír de sus errores.
Que no se envanezca con sus triunfos.
Que no se considere electa antes de hora.
Que no huya de sus responsabilidades.
Que defienda la dignidad humana.
Y que desee tan sólo andar del lado de la verdad y la honradez.

Lo esencial es lo que hace que la vida valga la pena.

Quiero rodearme de gente
que sepa tocar el corazón de las personas.
Gente a quien los golpes duros de la vida
le enseñó a crecer con toques suaves en el alma.

Sí...
Tengo prisa por vivir con la intensidad
que solo la madurez puede dar.

Pretendo no desperdiciar parte alguna
de las golosinas que me quedan.
Estoy seguro que serán más exquisitas
que las que hasta ahora he comido.
Mi meta es llegar al final satisfecho,
en paz con mis seres queridos
y con mi conciencia.

Tener verdadero éxito en la vida es:
reír mucho y muchas veces,
incluso, en las peores circunstancias."



-Margonio de Andrade (Poeta, novelista, ensayista y musicólogo brasileño)-





Rayuela (Extracto Cap 21)
"Apenas nos separan
unas horas
y unas cuadras
y ya mi pena se llama pena,
mi amor se llama mi amor...

Cada vez iré sintiendo menos
y recordando más,
pero qué es el recuerdo
sino el idioma de los sentimientos,
un diccionario de caras
y días
y perfumes
que vuelven como los verbos
y los adjetivos en el discurso,
adelantándose solapados a la cosa en sí,
al presente puro,
entristeciéndonos
o aleccionándonos vicariamente
hasta que el propio ser se vuelve vicario,
la cara que mira hacia atrás
abre grandes los ojos,
la verdadera cara se borra poco a poco
como en las viejas fotos..."



-Julio Cortázar; Rayuela (Cap. 21)-






Anarquismo.
La noche y el caos forman parte de mi.
Me remonto al silencio de las estrellas.

Soy el efecto de una causa del tiempo,
del Universo [quizás lo excedo].

Para encontrarme, 

debo buscarme entre las flores,
los pájaros, los campos y las ciudades,
en los actos, las palabras 

y los pensamientos de los hombres,
en la noche del sol y las ruinas olvidadas 

de mundos hoy desaparecidos.

Cuanto más crezco, 

menos soy.
Cuando más me encuentro, 

más me pierdo.

Cuanto más me pruebo, 

más veo que soy flor
y pájaro y estrella 

y universo.

Cuanto más me defino, 

menos límites tengo.

Lo desbordo todo.
En el fondo 

soy lo mismo que Dios.

Mi presencia actual 

contiene las edades anteriores a la vida,
los tiempos más viejos que la tierra,
los huecos del espacio 

antes de que el mundo fuera.


-Fernando Pessoa-





Hay dolencias peores que las
dolencias...
Hay dolencias
peores que las dolencias,
hay dolores que no duelen,
ni en el alma
pero que son dolorosos
más que los otros.

Hay angustias soñadas
más reales
que las que la vida nos trae,
hay sensaciones sentidas
sólo con imaginarlas
que son más nuestras
que la misma vida.

Hay tantas cosas que,
sin existir,
existen,
existen demoradamente,
y demoradamente
son nuestras y nosotros...

Por sobre el verde turbio
del ancho río
los circunflejos blancos
de las gaviotas...
Por sobre el alma
el aleteo inútil
de lo que no fue,
ni puede ser,
y es todo.


Dame más vino,
porque la vida es nada...


-Último poema de Fernando Pessoa 19-11-1935-






De todo, quedaron tres
cosas...
De todo, 
quedaron tres cosas:

La certeza
de que estaba
siempre comenzando,
la certeza
de que había
que seguir
y la certeza
de que sería
interrumpido
antes de terminar.


Hacer de la interrupción
un camino nuevo,
hacer de la caída,
un paso de danza,
del miedo,
una escalera,
del sueño,
un puente,
de la búsqueda
un encuentro.


De Fernando Pessoa



Y si después de tantas
palabras...
¡Y si después de tántas palabras,
no sobrevive la palabra!

¡Si después de las alas de los pájaros,
no sobrevive el pájaro parado!

¡Más valdría, en verdad,
que se lo coman todo y acabemos!

¡Haber nacido para vivir de nuestra muerte!

¡Levantarse del cielo hacia la tierra
por sus propios desastres
y espiar el momento de apagar
con su sombra su tiniebla!

¡Más valdría,
francamente,
que se lo coman todo,
y qué más da...!

¡Y si después de tanta historia,
sucumbimos,
no ya de eternidad,
sino de esas cosas sencillas,
como estar en la casa
o ponerse a cavilar!

¡Y si luego encontramos,
de buenas a primeras,
que vivimos,
a juzgar por la altura de los astros,
por el peine y las manchas del pañuelo!

¡Más valdría,
en verdad,
que se lo coman todo,
desde luego!

Se dirá que tenemos
en uno de los ojos mucha pena
y también en el otro,
mucha pena
y en los dos,
cuando miran,
mucha pena...

Entonces...
¡Claro!...
Entonces...
¡Ni palabra!


-Poema de César Vallejo-



Al perderte yo a ti...
Al perderte yo a ti
tú y yo hemos perdido:
yo porque tú eras 

lo que yo más amaba
y tú porque yo era 

el que te amaba más.

Pero de nosotros dos
tú pierdes más que yo:
porque yo podré amar a otras 

como te amaba a ti
pero a ti no te amarán 

como te amaba yo.


-Epigramas. Ernesto Cardenal-

http:albalearning.comaudiolibrosbecquerrimaxxi.html





Para hacer el retrato de un
pájaro.
Pintar primero una jaula
con la puerta abierta,
pintar después algo bonito
algo simple, algo bello,
algo útil para el pájaro.

Apoyar después la tela contra un árbol
En un jardín en un soto
o en un bosque esconderse tras el árbol
Sin decir nada,
sin moverse.

A veces el pájaro llega enseguida
Pero puede tardar años
antes de decidirse.
No hay que desanimarse

Hay que esperar...

Esperar si es necesario durante años
La celeridad o la tardanza
En la llegada del pájaro
No tiene nada que ver
Con la calidad del cuadro.
Cuando el pájaro llega,
si llega
observar el más profundo silencio
esperar que el pájaro entre en la jaula
y una vez que haya entrado
cerrar suavemente la puerta con el pincel.

Después borrar uno a uno todos los barrotes
cuidando de no tocar ninguna pluma del pájaro.

Hacer acto seguido,
el retrato del árbol,
escogiendo la rama más bella para el pájaro,
Pintar también el verde follaje
Y la frescura del viento,
El polvillo del sol
y el ruido de los bichos 

de la hierva en el calor estival
y después esperar
que el pájaro se decida a cantar.

Si el pájaro no canta,
mala señal,
Señal de que el cuadro es malo,
Pero si canta es buena señal,
Señal de que podéis firmar.

Entonces arrancadle delicadamente
una pluma al pájaro
Y escribid vuestro nombre
En un ángulo del cuadro....


De: Jacques Prévert




Se acabó mi tiempo. 
(keis_luvin)
¿Por qué corres Luna
cuando estoy corriendo?
¿Acaso es que a ti
también en el pecho
se te ha abierto un cráter
como el firmamento?

¿Entiendes qué siento?
¿Acaso tú sabes
que el mundo se acaba
en este momento;
que tiemblo de rabia
que corro de miedo
que siento calambres
y no me detengo?

Se me rompe el alma
se la lleva el viento
y tú sigues Luna,
me sigues siguiendo.

Ya no tengo vista
se me va el aliento
se acabó el camino
terminó mi tiempo.
Continúa Luna
que yo ya no puedo.


Del poeta: Dennis Rodríguez.





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