"Mientras se sienta que ríe el alma sin que los labios rían; mientras se llore sin que el llanto acuda a nublar la pupila; mientras el corazón y la cabeza batallando prosigan; mientras haya esperanzas y recuerdos...Entonces ¡Habrá Poesía!"
miércoles, septiembre 28, 2016
Éxodo
En lo alto del día
eres aquel que vuelve
a borrar de la arena la oquedad de su paso;
el miserable héroe que escapó del combate
y apoyado en su escudo mira arder la derrota;
el náufrago sin nombre que se aferra a otro cuerpo
para que el mar no arroje su cadáver a solas;
el perpetuo exiliado que en el desierto mira
crecer hondas ciudades que en el sol retroceden;
el que clavó sus armas en la piel de un dios muerto
el que escucha en el alba cantar un gallo y otro
porque las profecías se están cumpliendo: atónito
y sin embargo cierto de haber negado todo;
el que abre la mano
y recibe la noche.
-José Emilio Pacheco-
sábado, septiembre 17, 2016
Poema de Álvaro de Campos (heterónimo de Fernando Pessoa)
Mi alma se ha roto como un jarrón vacío.
Se ha caído por la escalera demasiado abajo.
Se ha caído de entre las manos de la criada distraída.
Se ha caído y se ha hecho más pedazos
que loza había en
el jarrón.
¿Necedad? ¿Imposible? ¡Yo qué sé!
tengo más sensaciones que las que tenía cuando me sentía yo.
Se ha caído por la escalera demasiado abajo.
Se ha caído de entre las manos de la criada distraída.
Se ha caído y se ha hecho más pedazos
que loza había en
el jarrón.
¿Necedad? ¿Imposible? ¡Yo qué sé!
tengo más sensaciones que las que tenía cuando me sentía yo.
Soy un esparcimiento de trozos sobre una estera sin sacudir.
Hice ruido en la caída como un jarrón al romperse.
Los dioses presentes,
asomados a la barandilla de la escalera,
contemplan los trozos que su criada hizo de mí.
No se enfadan con ella.
Son tolerantes con ella.
¿Qué era yo, un jarrón vacío?
Miran los trozos absurdamente conscientes,
pero conscientes de sí mismos,
no de los trozos.
Miran y sonríen.
Sonríen tolerantes a la criada involuntaria.
Se extiende la gran escalinata alfombrada de estrellas.
Un trozo brilla,
vuelto por su exterior vidriado,
entre los
astros.
¿Mi obra? ¿Mi alma principal? ¿Mi vida?
Un trozo.
Y los dioses lo miran de un modo especial,
pues no saben
por qué se ha quedado ahí.
Lo que hay en mí es sobre todo cansancio;
No de esto ni de aquello,
ni siquiera de todo o de nada:
Cansancio tal cual, en sí mismo,
cansancio.
La sutileza de las sensaciones inútiles,
las pasiones violentas por nada,
los amores intensos por lo imaginado en alguien,
todas esa cosas
-éstas y lo que en ellas falta eternamente-;
todo esto hace un cansancio,
este cansancio,
cansancio.
Hay sin duda quien ama lo infinito,
hay sin duda quien desea lo imposible,
hay sin duda quien nunca quiere nada;
tres tipos idealistas, y yo ninguno de ellos:
Porque yo amo infinitamente lo finito,
porque yo deseo imposiblemente lo posible,
porque lo quiero todo, y un poco más si puede ser,
y hasta si no puede ser…
¿Y el resultado?
Para ellos la vida vivida o soñada,
para ellos el sueño soñado o vivido,
para ellos la media entre todo y nada;
es decir, esto…
Para mí sólo un grande,
un profundo
y, ah, con qué felicidad, infecundo cansancio,
un supremísimo cansancio,
ísimo, ísimo, ísimo,
Cansancio…
Estoy cansado,
está claro,
porque a estas alturas uno tiene que estar cansado.
De qué estoy cansado, no lo sé.
De nada me serviría saberlo,
porque el cansancio sería el mismo.
La herida duele porque duele
y no en función de la causa que la produjo.
Sí, estoy cansado,
y un poco sonriente
de que el cansancio sea sólo esto:
Ganas de dormir en el cuerpo,
un deseo de no pensar en el alma,
y por encima de todo una tranquilidad lúcida
del entendimiento retrospectivo…
¿Y cambia la lujuria al no tener ya esperanzas?
Soy inteligente: eso es todo.
He visto mucho y entendido mucho lo que he visto,
y hay un cierto placer hasta en el cansancio que esto me da,
pues al final la cabeza siempre sirve para algo.
Alvaro de Campos
jueves, noviembre 19, 2015
El Vuelo
El alto vuelo sigo
con mis manos:
honor del cielo, el pájaro
atraviesa
la transparencia, sin manchar el día.
Cruza el oeste palpitando y sube
por cada grada hasta el desnudo azul
todo el cielo es su torre
y limpia el mundo con su movimiento.
Aunque el ave violenta
busque sangre en la rosa del espacio
aquí está su estructura:
flecha y flor es el pájaro en su vuelo
y en la luz se reúnen
sus alas con el aire y la pureza.
¡Oh plumas destinadas
no al árbol, ni a la hierba, ni al
combate,
ni a la atroz superficie,
ni al taller sudoroso,
sino a la dirección y a la conquista
de un fruto transparente!
El baile de la altura
con los trajes nevados
de la gaviota, del petrel, celebro,
como si yo estuviera
perpetuamente entre los invitados:
tomo parte
en la velocidad y en el reposo,
en la pausa y la prisa de la nieve.
Y lo que vuela en mí se manifiesta
en la ecuación errante de sus alas.
¡Oh viento junto al férreo
vuelo del cóndor negro, por la bruma!
Silbante viento que traspuso el héroe
y su degolladora cimitarra:
tú guardas el contacto
del duro vuelo como una armadura
y en el cielo repites su amenaza
hasta que todo vuelve a ser azul.
Vuelo de la saeta
que es la misión de cada golondrina,
vuelo del ruiseñor con su sonata
y de la cacatúa y su atavío!
Vuelan en un cristal los colibríes
conmoviendo esmeraldas encendidas
y la perdiz sacude
el alma verde
de la menta volando en el rocío.
Yo que aprendía volar, con cada vuelo
de profesores puros
en el bosque, en el mar, en las
quebradas,
de espaldas en la arena
o en los sueños.
me quedé aquí, amarrado
a las raíces,
a la madre magnética, a la tierra,
mintiéndome a mí mismo
y volando
solo dentro de mí,
solo y a oscuras.
Muere la planta y otra vez se entierra,
vuelven los pies del hombre al
territorio,
sólo las alas huyen de la muerte.
El mundo es una esfera de cristal,
el hombre anda perdido si no vuela
no puede comprender la transparencia.
Por eso yo profeso
la claridad que nunca se detuvo
y aprendí de las aves
la sedienta esperanza,
la certidumbre y la verdad del vuelo.
-Pablo Neruda-
jueves, octubre 29, 2015
El Instante
"¿Dónde estarán los siglos, dónde el sueño
de espadas que los tártaros soñaron,
dónde los fuertes muros que allanaron,
dónde el Árbol de Adán y el otro Leño?
El presente está solo. La memoria
erige el tiempo. Sucesión y engaño
es la rutina del reloj. El año
no es menos vano que la vana historia.
Entre el alba y la noche hay un abismo
de agonías, de luces, de cuidados;
el rostro que se mira en los gastados
espejos de la noche no es el mismo.
El hoy fugaz es tenue y es eterno;
otro Cielo no esperes, ni otro Infierno"
-Jorge Luis Borges-
de espadas que los tártaros soñaron,
dónde los fuertes muros que allanaron,
dónde el Árbol de Adán y el otro Leño?
El presente está solo. La memoria
erige el tiempo. Sucesión y engaño
es la rutina del reloj. El año
no es menos vano que la vana historia.
Entre el alba y la noche hay un abismo
de agonías, de luces, de cuidados;
el rostro que se mira en los gastados
espejos de la noche no es el mismo.
El hoy fugaz es tenue y es eterno;
otro Cielo no esperes, ni otro Infierno"
-Jorge Luis Borges-
miércoles, octubre 07, 2015
Insomnio.
Tu mano apoya contra el pecho mío
¿Oyes de un rudo golpe la inquietud?...
Es que hay adentro un carpintero impío
que labra mi ataud
Y no cesa un instante el golpe fiero
y en vano intento al sueño recurrir...
Acaba, acaba, pronto, carpintero,
acaba pronto...
¡Y déjame dormir!
-Heine-
lunes, octubre 05, 2015
En blanco y negro.
Los mendigos anónimos
vienen del cine mudo
posan en blanco y negro.
En la mano extendida
en el platillo estéril
en la gorra tumbada
en el viejo estribillo
en el tango que narra
de chanfle la miseria
está toda la historia
esa que no sabemos.
Los mendigos anónimos
antes tenían nombres
y memoria y subtítulos.
Mario Benedetti.
domingo, octubre 04, 2015
Adverbios de Lugar.
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viernes, octubre 02, 2015
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lunes, septiembre 28, 2015
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miércoles, septiembre 23, 2015
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jueves, septiembre 10, 2015
Te Amo...
Te amo,
te amo de una manera inexplicable,
de una forma inconfesable,
de un modo contradictorio.
Te amo
con mis estados de ánimo que son muchos,
y cambian de humor continuamente.
por lo que ya sabes,
el tiempo, la vida, la muerte.
Te amo...
con el mundo que no entiendo,
con la gente que no comprende,
con la ambivalencia de mi alma,
con la incoherencia de mis actos,
con la fatalidad del destino,
con la conspiración del deseo,
con la ambigüedad de los hechos.
Aún cuando te digo que no te amo, te amo,
hasta cuando te engaño, no te engaño,
en el fondo, llevo a cabo un plan,
para amarte mejor.
Te amo...
sin reflexionar, inconscientemente,
irresponsablemente, espontáneamente,
involuntariamente, por instinto,
por impulso, irracionalmente.
En efecto no tengo argumentos lógicos,
ni siquiera improvisados
para fundamentar este amor que siento por ti,
que surgió misteriosamente de la nada,
que no ha resuelto mágicamente nada,
y que milagrosamente, de a poco, con poco y nada
ha mejorado lo peor de mí.
Te amo,
te amo con un cuerpo que no piensa,
con un corazón que no razona,
con una cabeza que no coordina.
Te amo
incomprensiblemente,
sin preguntarme por qué te amo,
sin importarme por qué te amo,
sin cuestionarme por qué te amo.
Te amo
sencillamente porque te amo,
y yo mismo no sé por qué te amo.
-Pablo Neruda-
domingo, septiembre 06, 2015
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